El papel del cuidador

Como su nombre lo indica, tenemos la función de cuidar y velar por el bienestar del paciente. En general, este papel es motivado por el amor que le tenemos pero a su vez por nuestro temor a perderlo.  He ahí donde nos enfrentamos a un gran problema.

El miedo a perderlo o simplemente querer asumir gran parte del sufrimiento a menudo nos lleva a querer resolver todos sus problemas. Incluso nos culpamos cuando un tratamiento no funciona o un medicamento no es bien asimilado por el cuerpo del paciente.

Nosotros buscamos siempre lo mejor del mundo, lo que significa el bienestar completo de nuestro ser querido las 24 horas del día. Sin embargo, no todos los días son iguales y somos simplemente seres humanos con una inmensa voluntad de ayudar. Debemos detenernos por un momento y entender que existen límites para nosotros. Sí, es cierto que hemos estudiado mucho acerca de la enfermedad (por lo general sin que el paciente se dé cuenta para que no se preocupe, ¿verdad?), pero no somos expertos. Pareciera que cualquier nuevo medicamento nos trajera una gran esperanza de una vida mejor, sin saber siquiera si este medicamento es bueno para nuestro ser querido.

Por lo tanto, tenemos que darnos algo de tiempo. El amor no solo causa que cambiemos nuestras vidas y nuestros deseos personales por el bienestar del paciente, sino que crea una gran incomodidad. Somos tan arrogantes como para pensar que no estamos transpirando cansancio, tristeza, miedo… pero los estamos. No hay que olvidar que el paciente también te ama y, de la misma manera, está tratando de evitarte toda la tristeza del mundo. Quien ama conoce bien al otro, con un simple gesto, te das cuenta no sólo el malestar del paciente, así como él también es capaz de darse cuenta de tu agotamiento. Y admitámoslo, más allá de cualquier incomodidad por estar con una enfermedad rara, lo último que un paciente quiere es acabar con la vida de un ser querido.

Así que vive todos los días feliz y sin fingir. Alégrate de haber recibido una oportunidad única para demostrar el amor incondicional a las personas que necesitan de ti. Alégrate de ser capaz de tener una vida normal (sí, tu no estás enfermo), y tener esta vida. Así el paciente se sentirá menos culpable al ver que tu vida sigue. Y no estamos hablando de no mirar hacia atrás, sino más bien poner a un lado tu vida y en el otro lado tu papel como cuidador.